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viernes, 19 de febrero de 2010

Tc Mar de Ajo


Desde hoy se volverá a ver autódromos abarrotados de fanáticos y a escuchar ruidos ensordecedores de seis pistones. Dos meses y medio después de la vibrante coronación de Emanuel Moriatis como monarca de Turismo Carretera, vuelve la categoría máxima del país, con su 69º Campeonato Argentino. El pasional y a veces caótico TC, se presentará en Mar de Ajó, ya clásico escenario de su apertura.
Como en cada temporada, habrá cambios. De pilotos, de equipos, de autódromos. Y reglamentarios, que nunca faltan. Lo principal está en los protagonistas: existirán algunas altas –regresos, principalmente– y numerosas bajas. Llamativamente, no habrá un Di Palma en competencia. En 1964 debutó Rubén Luis, y en los noventa, sus hijos; esta vez, Luis José, Patricio y Marcos, por presupuesto y otras causas, no tomarán parte. También faltarán Henry Martin, Ariel Pacho, el histórico René Zanatta (retirado el año último) y Carlos Bueno, el brasileño que había anticipado su participación. Y en principio no estará José María López, 3ero en el último certamen, pero dados sus problemas para acceder a la Fórmula 1 (ver Pág. 8) no hay que descartarlo.
En contraste, se darán algunas reapariciones significativas. La de Ernesto Bessone, campeón de 2003, casi lo es, pues intervino en una sola carrera el año pasado. Se espera para la 8ª fecha la vuelta de uno de los más grandes de la historia: Juan María Traverso, con un Chevrolet. Y retornará también Marcelo Bugliotti, piloto de los más veloces.
¿Favoritos? Los de siempre: Ortelli, Silva, Martínez, Fontana, Ledesma, Aventin, Rossi... y, por supuesto, Moriatis. Esta vez, con un poquito más de consideración por los hombres de Ford, la marca beneficiada, o igualada con las otras tres, por uno de los cambios normativos: los Falcon gozarán de la misma relación de compresión, 9:2 a 1, que los Chevrolet, los Torino y los Dodge.
Además, los retoques reglamentarios, que eliminaron el piso plano que iba bajo el motor y ayudas aerodinámicas en la trompa, se proponen una menor estabilidad de los autos, que lleve a más errores de conducción y, consecuentemente, a más sobrepasos. O sea, mejor espectáculo.

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